Os venía a advertir que Urano entra en Géminis, que sé que os da absolutamente igual pero me han dicho por ahí que es un dato sumamente importante o algo, jajajaja. En mi caso, lo que considero verdaderamente importante esta semana, es que por primera vez en mi vida me reconozco con un perfil psicológico. Podéis leerlo aquí.
Vamos con el egotrip de mierda: Cuando era crío pensaba que era más listo que el resto (k berwensa) por la desorbitada capacidad que ostentaba de empatizar con mis semejantes; porque comencé a leer mucho antes que los demás; por mi intrincado mundo interior y porque me reconocía más apasionado que cualquiera de los garrulos nefastos con los que debía relacionarme diariamente. Pero lo que en principio debía ser un don terminó convirtiéndose en maldición: Ser soñador despierto (o daydreamer que dicen muy acertadamente los ingleses) me tenía abstraído de la realidad cotidiana y ello terminó acusándose en mis calificaciones, que tendían a ser bastante malas.
Lo de que me abrumasen tanto los estímulos externos o las opiniones de los demás tampoco me ayudaba demasiado en mi vida académica; era más bien retraído, lunático, me enamoré por primera vez siendo muy joven y tenía siempre la cabeza en las nubes. Lo de tratar de ser demasiado honesto o demasiado implicado afectivamente también me convirtió en blanco fácil para la gente que abusaba de mi bondad o que me tomaban el pelo por ser un inocentón. Por no hablar de que luego las injusticias me superaban, lo cual se tradujo en fuente de conflicto en mi relación con el resto de alumnos que me acompañaron durante mis aciagos y soporíferos días en el colegio, así como constantes peleas con los canis de mi barrio en las que obviamente solía salir siempre escaldado.
Por eso siempre digo que mi infancia, por lo menos bajo mi punto de vista, fue una putísima mierda.
Diría que la única parte buena de todo esto era la alta sensibilidad creativa, pues al fin y al cabo es donde me refugiaba y sumergía para evadirme de las tan dolorosas frustraciones cotidianas que, por culpa de la intensidad emocional antes mencionada, me pesaban como una losa de hormigón armado. Ahora lo pienso y digo: "menudo gilipollas engreído". Pues sí, pero al fin y al cabo ese gilipollas engreído es la persona con la que he tenido que lidiar desde que tengo uso de razón... y como decía Lemmy: Los capricornio somos viejos desde que nacemos.
Vamos, que ser intenso y no saberlo venía a ser una puta mierda, tenía que andar escondiendo mi condición tras máscaras y tal. A parte, esa necesidad constante de perseguir la profundidad me llevaba a descubrir complejos ejemplos como el de Freddie Mercury (que me llevó a cuestionarme mi identidad sexual), Kurt Cobain (que me dijo en sueños con qué edad iba a morir xd), Jim Morrison (que me empujó a interesarme por la dietilamida de ácido lisérgico), o Ian Curtis (que junto con el libro "La insoportable levedad del ser" me hundió en la noche oscura del alma hace ahora 19 años). Sí, los más destrozados de todos pero también los más intensos y los que me han acompañado en mi camino. En definitivas cuentas, el grupúsculo al que pertenezco y con el que me siento identificado.
Lamento daros la turra con esto y hablar tanto de mí, en plan "porque yo, porque yo, porque yo" pero es que de alguna forma he llegado justo ahora hasta este concepto de intensidad emocional y me he sorprendido al reconocerme; me he dado cuenta de lo importante que era para mí, digamos, definirme. Me ha llevado 45 años llegar a conocerme bien pero hoy puedo decir que ha valido la pena.
Cuando alguien dice que añora su infancia yo siempre le digo que nunca he vivido mejor que en el tiempo que estoy viviendo ahora mismo. Si me viniera Nietzsche con lo del Eterno retorno le diría que se lo metiera por el putísimo culo, que me daría muchísima pereza tener que comenzar otra vez desde el comienzo y enfrentarme de nuevo a tanta densidad y tanta frustración. Ahora, que por fin salgo a flote porque ya sé llevar el timón y navegar sobre el oleaje de la intensidad emocional, tempestad de sed amarga, mi cuerpo es mucho más liviano y los engranajes de mi mente ya no son tan intrincados como el plano de un transatlántico.
Tuve un jefe que me decía que la mejor etapa de su vida comenzó después de los cuarenta. Entonces no me lo creía ni de coña, pero desde luego que hoy por hoy no le quito la razón.
Echadle paciencia, intensitos.
-R-
